domingo 12 de febrero de 2012

Un poquito de martirio

Las actuales circunstancias me obligan a dormir en mi horario normal de actividades,  que no es otro que el de la noche,  y ello me hace sentir un poco triste,  habida cuenta de que es menester que rompa,  por un cierto lapso de tiempo,  el vínculo emocional que he desarrollado con la nocturnidad como cómplice y consejera a la hora de cometer mis fechorías;  sin embargo,  creo que es por una buena razón:  la escuela,  recinto al que he regresado por un conjunto de circunstancias tan felices como extrañas,  me está dotando de un conocimiento del que no tuve noticia cuando me tocó ser escolapio matriculado y toda la cosa,  y esa es una oportunidad que no se da todos los días.  ¿Hasta dónde me llevará el sendero que ya he empezado a recorrer?  Ni yo mismo lo sé,  si he de confesar.  Pero,  vamos,  lo importante,  al menos para mí,  no es el hecho de llegar,  sino de irme divirtiendo mientras lo recorro.  Así que intentemos dormir un poco,  no demasiado,  para despertar con la luz del alba nueva que se yergue y que anuncia el inicio de nuevas correrías.


miércoles 7 de diciembre de 2011

Larga vida

Esto de la vida nocturna al frente de un monitor tiene sus ventajas.


  • Por alguna extraña razón,  todo lo que se baja o sube de la red está listo en menos tiempo.
  • La música se escucha sin la necesidad de subirle tanto y el video no tiene más pausas de las que normalmente se hacen para atender menesteres verdaderamente importantes.
  • Nadie,  absolutamente nadie,  está de metiche con la clase de contenidos que se despliegan en el monitoe.


Larga vida a esto de hacer de las mías después de que las buenas conciencias se han ido a hacer la meme.



viernes 7 de octubre de 2011

Una marca de golosinas

Si Su Majestad Carlos I de España y V de Alemania hubiera sabido que su nombre más conocido estaría,  al cabo de los siglos,  en la denominación comercial de unos conocidísimos dulces que él ni sabía que se fabricaban en un lado del mundo cuya existencia se ignoraba,  me temo que no hubiera podido con tanta popularidad.

Yo, ignorante.

No es que en puridad me importe,  antes bien se trata de una de mis tantas curiosidades malsanas,  pero me gustaría saber la razón por la cual existe más posibilidad de uno o dos comentarios cuando se me ocurren nimiedades como los juegos de palabras para plasmarlos en alguna publicación que no excede de los cuatro o cinco renglones y hasta cuenta con uno que otro video que intenta aderezarlo en un modo pretendidamente picaresco,  a diferencia de cuando,  como queriendo y no la cosa,  me quemo el cerebro para componer alguna de mis tantas extravagancias que,  de verdad,  salen de lo más profundo de mí mismo:  confesiones que rayan en el cinismo y que me exhiben como un ser execrable y no exento de miseria.

Comprendo que,  en materia de dramas familiares,  el foro sea nada más para mí solo,  pues adentrarse en la materia significa ponerse camisa de once varas,  por las razones que ustedes gusten y manden,  ¿ajá?  Pero con todo lo demás,  ¿qué pasa?  Que si estoy viendo porno mientras bajo música o viceversa,  que me obsesiono o no con el trabajo,  que si los hombres o las mujeres porque estoy descubriendo al erotómano que vive dentro mío...  Vamos,  soy humano y es justo por ello que no estoy exento de cometer ciertas acciones que no son precisamente las más convencionales de toda la vida pero,  tratemos de entenderlo de este modo, acá,  en la red,  me doy el permiso de ser más yo de lo que en mi loca imaginación pudiera llegar a pensar en el plano de lo real,  habida cuenta de las condicionantes que gobiernan mi existencia en esta onda:  la escritura de estos párrafos me libera de las ataduras que me impone la vida en sociedad,  de las cuales no estoy diciendo que sean buenas o malas,  sino simplemente que son incompatibles con los debrayes que tengo en la cabeza.

Entiendo que,  en estos momentos de crisis,  todos estemos necesitados de una dosis de buen humor para acallar los gritos estentóreos del diario absurdo que denominamos realidad,  pero también es necesario tomarnos en serio lo que está escatológico y confrontarlo,  dado que cuando lo hacemos con miras a sacar de esto una conclusión que nos hace tener una mejor idea acerca de lo que es la vida y de hacia dónde vamos como personas.  Más aún:  a punta de madrazos entendí que esto del prestigio en red no es cosa baladí en modo alguno y que eso se gana,  se conserva y se incrementa para hacer del sitio desde el que nos estamos manifestando un espacio confiable para con quienes nos visitan;  sin embargo,  ¿qué pasa cuando el grinch que anidamos en nuestro interior no desea tener ese impacto y,  como prueba de lo anterior,  mezcla comentarios sobradamente marrulleros con vivencias personales que no son miel sobre hojuelas?:  yo creo que se crean bitácoras personales en línea que son del todo intimistas que se convierten en mentideros personales sobre los cuales tenemos todo el derecho de manifestar nuestro ánimo reinante.

No con esto pretendo que se vuelquen los mil y un comentarios que muy democráticamente pueden o no llegar cada que ataco con alguna de mis enfermas desesperanzas:  el punto que estoy intentando plantear es que no sólo en la bonhomía o en el good mood es que se atrevan a pasar a saludar sino que también lo hagan cuando el sentido de la entrada no sea precisamente dulce,  pues de este modo es como se inicia el intercambio de las ideas y de persona a persona,  de acuerdo con nuestra propia experiencia,  es que estamos en posibilidades de debatir el tema,  siempre con una mira constructiva,  acá,  chida,  que nos deje, si no un excelente sabor de boca,  por lo menos nuevas perspectivas desde las cuales abordar la situación que inicialmente colocamos en el centro del debate.

Porque hablando se entiende la gente,  ¿no?  Bueno,  eso y...  desentrañando los significados ocultos dentro del pop de la más fina hechura y arraigado abolengo.

He dicho.



lunes 26 de septiembre de 2011

Reconciliación aparente

Quienes me conocen mejor saben que el pop y yo somos acérrimos enemigos que,  para efectos de no dañarnos,  instauramos hace tiempo entre nuestros dominios un pacto de no agresión que hasta el día de hoy nos ha funcionado de maravilla.  Más aún:  que ese pacto indica que él por su lado y yo por el mío,  el cual,  en este caso,  no es otro que el de la música electrónica.

Sin embargo,  es hora y fecha en que,  organizando los archivos de sonido de mi computadora,  descubrí que sí necesito de este adversario tanto como él no de mí.  Que sus cantos son como agua bendita para el pecador ansioso de redimirse y que sus artistas aún tienen la capacidad de conmover por el solo hecho de cantar sus canciones,  a diferencia del mundo de donde yo vengo,  en donde de acuerdo a mi propia percepción,  junto al sentimiento de amor que me nace por la música sintética,  subyace un marcado rasgo de valoración objetiva de la pieza.

En este caso he decidido dejar a un lado todas esas convenciones que,  si bien hacen mucho más provechoso y benéfico el andar por tan hermosos senderos,  la verdad de las cosas es que en no pocas ocasiones tanto tecnicismo atosiga.

Me enamoré de una canción y de la chica que la canta.  De verdad son bellas las dos.  Y más allá:  en este caso no me importa en lo absoluto qué tan bien hecho esté el track o cuáles hayan sido las consideraciones técnicas para realizarlo.  Lo adoro por el liso y llano hecho de que me mueve.  Y un chingo.

Sea por la razón que fuere,  esta es la historia que hoy tengo con "Chasing pavements".  Mil gracias,  Adele,  por haberla hecho posible.



domingo 25 de septiembre de 2011

Tiempo nocturno

A esta hora de la noche,  poco importa si existe la lógica dentro de las construcciones que posibilitan la existencia del mundo como lo conocemos:  de tan irrelevante que resulta hablar del tema,  hasta puede que ello se tome como un gesto de mal gusto.

Porque los gritos de esos vecinos revoltosos por virtud de su dipsomanía hacen que me acerque a la ventana para escuchar a detalle sus amenazas banales que difícilmente llegan a los golpes,  a menos de que de veras estén enfadados.

Dentro de mi habitación,  la computadora sigue esperando mis instrucciones:  estoy entre descargar música y escribir o mirar porno...,  y de todas maneras descargar música.



miércoles 14 de septiembre de 2011

¿Provocaba entonces tanto estrés la idea de lo pecaminoso?

Ha llegado el nuevo recibo de teléfono con el recargo del mes anterior y pediré a mamá un préstamo para solventar el gasto,  mismo que no tengo la menor idea si le pagaré a fin de año.  Va a ser media tarde y apenas estoy recuperando la conciencia de una noche agotadora en la que practiqué las parafilias que conocía y descubrí algunas que no sabía que me gustaban:  el milagro de los alucinógenos sintéticos resulta no menos que prodigioso.  Las hijas de mi vecina han empezado a llorar de nueva cuenta y eso no me ayuda con la jaqueca que,  por instantes,  creo que se trata de principios de migraña,  con esos gritos estentóreos que años más tarde acusarán en la conciencia a la madre por el abandono de aquellas tres menores.  La báscula prefiere decirme la verdad y omitirse sobre las mentiras piadosas que mi cintura se empeña en seguirme contando,  con todo y que el programa aquél de acondicionamiento físico,  se anunciaba,  funciona a las mil maravillas.  Huelo a impudicia,  hurto y probablemente hasta homicidio;  he impregnado mis sábanas de todas esas fragancias propias de la impunidad y no creo que un baño caliente me las quite de buenas a primeras.  Hace algún tiempo que la sodomía dejó de ser delito a los ojos de la Ley del hombre pero como la similar de Dios sigue con sus reservas todas mis asquerosas fechorías las he cometido en la íntima comodidad de un cuarto oscuro donde sólo sentía el recio pasar del cuero negro por cada una de mis estrías y por momentos creía desangrar de abajo.

Con esfuerzos recuerdo dónde están las llaves de mi cuarto y camino torpemente hacia la cocina para que la batería ahora inerte de mi teléfono celular resucite en espera de una llamada psicótica que posiblemente no llegue.

No obstante todo lo anterior,  tengo para mí lo más estresante de todo esto es que me estoy bebiendo justo la última ración de café soluble que había en la alacena y no sé cuándo habrá más dinero para salir a comprar otro frasco.